miércoles, 9 de abril de 2014

El curso de la negociaciones en el programa nuclear iraní.


Durante ayer y hoy, han tenido lugar en Viena conversaciones del grupo P5+1 e Irán para tratar de alcanzar un acuerdo general sobre el tema del programa nuclear de ese país. La jefa de la diplomacia europea Catherine Ashton, ha dicho que "queda mucho e intensivo trabajo por delante para acercar las diferencias", el representante ruso Serguei Rybakov dijo que "la posibilidad de un compromiso ha crecido, se avanza centímetro a centímetro y que en general hay una dinámica positiva". El negociador iraní Zarif comentó que "tenemos una probabilidad del 50-60% de llegar a un borrador final". Un alto funcionario americano dijo que "hemos comenzado con el borrador, pero no podemos saber si tendremos éxito en acercar posturas". En realidad todo son declaraciones vacías que no dicen nada de los temas importantes.

Aunque llegar a un acuerdo debería ser un asunto relativamente sencillo, los juegos de poder para conseguir que sea el contrario el que ceda más terreno está complicando sobremanera las negociaciones. Opino que este debería ser un tema fácil porque el único acuerdo que podría ser satisfactorio a largo plazo, sería que Irán se deshiciera de cualquier capacidad que le permitiera en un futuro hacerse con el uranio y plutonio suficiente como para fabricar una bomba nuclear, así como  el desarrollo de otros elementos que permitieran construir tales ingenios (como detonadores, etc) y por supuesto renunciar al desarrollo (y posesión) de misiles que superen cierto alcance (150-200 kilómetros aproximadante tal y como se le impuso a Irak en 1991). Todo lo que se salga de esas coordenadas podrá ser un acuerdo pero sería (en mi opinión) un mal acuerdo. Aunque bien es verdad que un mal acuerdo muchas veces es mejor que ninguno, pero también es verdad que otras muchas veces no hay que llegar acuerdos a toda costa para apaciguar situaciones prebélicas. Como decía E.H. Carr, en política no hay soluciones universales, para ser realistas hay que saber adaptarse a las circunstancias y posibilidades de cada momento.

El asunto nuclear de iraní gira entorno a una serie limitada de temas: 1) la producción de plutonio (central nuclear de Arak), 2) la producción de uranio (tipo de centrifugadoras y su cantidades, instalaciones de Fordo y Natanz), 3) el uranio enriquecido (nivel de enriquecimiento máximo, destino del uranio enriquecido y producido), 4) experimentación y pruebas para la fabricación de cabezas nucleares (instalaciones de Parchin, detonadores, explosivos, etc). A esos asuntos hay que añadir otros dos que no son parte del programa nuclear propiamente dicho, pero deberían formar parte de una acuerdo general con Irán: 5) programa de misiles, y 6) conflicto regional con árabes e israelíes.

Como es de suponer un buen acuerdo tiene que conseguir que Irán no pueda conseguir (aunque tuviese la capacidad para hacerlo) uranio enriquecido, ni plutonio, así como la suficiente capacidad de enriquecimiento de uranio y de producción de plutonio (para construir armas nucleares). Tampoco podría tener misiles balísticos o de crucero de cierto alcance (ni bombarderos). El asunto de la lucha por el poder con árabes, suníes e israelíes no se ha resuelto en varias décadas y no podrá solucionarse a tiempo para un acuerdo sobre el programa nuclear y sobre los misiles (y cualquier otro vector).

El 23 de noviembre se llegó a un Acuerdo Provisional con Irán por seis meses (comenzando a contar desde enero) prorrogables por otros seis. Ese acuerdo de noviembre fue seguido de un acuerdo para la Implementación del Plan de Acción Conjunto en enero, que detallaba los puntos concretos del acuerdo provisional (por el que se paralizaba el programa nuclear de enriquecimiento y a cambio se atenuaban las sanciones económicas contra Irán). Los puntos esenciales de tal acuerdo de implementación (para ver los detalles ver este documento) son los siguientes:

1) parar el enriquecimiento de uranio al 20% (y superior) y deshabilitar las centrifugadoras en cascada que los produjeron
2) comenzar a la eliminación de la mitad del uranio al 20% (en tres meses) que se haya producido, y convertir el resto en óxido de uranio (en seis meses) para que no sea posteriormente enriquecido. Después de seis meses Irán sólo podrá tener una cantidad limitada de uranio enriquecido por encima del 5%.
Además se añade que:
3) cerrar la mitad de las centrifugadores (para enriquecer uranio) de Natanz y tres cuartos de las de Fordo, así como todas las centrifugadoras de próxima generación. No construir instalaciones de enriquecimiento adicionales. No avanzar en el de I+D de enriquecimiento. La IAEA podrá vigilar diariamente Natanz y Fordo. Medidas para asegurarse que la producción de nuevas centrifugadoras está limitada a la reparación de las existentes. Información y acceso al proceso de fabricación de centrifugadoras y las minas de uranio.
4) No poner en marcha o dar combustible al reactor de Arak (plutonio). Para la producción de combustible y de pruebas adicionales de combustible para el reactor de Arak. No instalar componentes adicionales en el reactor de Arak. No transferir combustible y agua pesada a Arak. No construir infraestrutura que permita el reprocesamiento con el que separar el plutonio del resto del combustible utilizado. Irán ofrecerá amplia información sobre el reactor de Arak.

Aunque el acuerdo provisional no trataba el tema de los misiles, en el del programa nuclear parecía esperanzador. Pero al poco de comenzar el acuerdo de implementación empezaron a emerger los problemas y posturas de líderes iraníes que hacían pensar que el acuerdo de Ginebra podría ser un espejismo.

En esta noticia (de febrero) puede leerse que los iraníes (Jamenei) ahora dicen que podrían no aceptar reducir del 20% al 5% el enriquecimiento de uranio (el único punto importante del acuerdo); no cerrarían ninguna instalación nuclear (la planta para producir plutonio seguiría abierta); no renunciarían a su programa de misiles (los acuerdos sobre control, reducción y eliminación de vectores son imprescindibles en toda negociación de desarme, como los tratados START, INF, etc); tampoco renunciarían a desarrollar detonadores con usos para cabezas nucleares; están produciendo nuevas centrifugadoras 15 veces más rápidas (cuya principal utilidad para el gobierno iraní es la de enriquecer uranio).

Las negociaciones han llegado a un punto bastante extraño al reconocer hoy Kerry que Irán tiene tal capacidad que está a solamente dos meses de producir la suficiente cantidad de material fisionable para producir un arma nuclear. Ya que Jamenei ha dicho que ni hablar de cerrar Arak, se están abriendo otras posibilidades que permitan dejar abierta esa planta (Ali Ahmad, Frank von Hippel, Alexander Glaser and Zia Man, argue that if low-enriched uranium is used in the reactor rather than natural uranium, it would produce less than a kilogram of plutonium a year, rather than the roughly 8kg (one bomb's worth) under the existing design. The plutonium could be removed periodically to eliminate the residual proliferation concern, the Princeton paper argues), algo que a los duros como al senador Bob Menéndez exaspera bastante, ya que es un paso atrás desde la postura totalmente segura de cerrar Arak (aunque 1kg de plutonio al año no parece una cantidad record precisamente).

Más grave es la negativa a no renunciar al uso de nuevas centrifugadoras mucho más eficientes. Si Irán realmente no quiere hacerse con armamento nuclear no se entiende tanto empecinamiento con ese asunto, ningún país pierde una porción de soberanía o intereses industriales por no construir o no utilizar centrifugadoras... a menos que su intención soberana sea el tema mucho más importante de hacerse con armamento nuclear.

El asunto de los misiles es más delicado, porque ninguno de los vecinos de Irán (salvo Pakistán con la que no tiene contenciosos graves como en el golfo pérsico) tiene misiles balísticos de alcance medio o intermedio (Israel no es vecino y solamente tiene algunos Jericó), tampoco se entiende el empecinamiento de hacerse con esa clase de armas... a menos que quieran poner en ellas armas nucleares. Si Irak no tiene ya misiles de esos alcances, debería ser bastante sencillo llegar a acuerdos con Irán en ese tema. En Europa llegamos a un acuerdo de desarme de esa clase de armas (el tratado INF) desde una posición de conflicto más complicada que la que hoy tiene Irán en el golfo, ya que en tal acuerdo con Irán no habría que implicar a  otros países (la cantidad minúscula de misiles saudíes no sería problema).

El INF fue posible porque ya la URSS no tenía intenciones de seguir controlando por la fuerza su esfera de influencia del Pacto de Varsovia y disuadir a la OTAN, y es ahí donde reside el meollo del asunto. Irán no tiene intenciones de seguir querer convertirse a largo plazo en la potencia hegemónica de esa región. El golfo y Oriente Próximo están en lo que muchos han llamado una guerra fría por el control de la región. Irán y el arco chií y persa se enfrenta a sus sempiternos contrarios árabes y suníes (y judíos). La guerra civil en Siria y la cuasi guerra civil actual en Irak (en las zonas suníes), con el cruce de acusaciones entre Arabia Saudí y Maliki es la enésima manifestación de ello. En consecuencia, Irán necesita desarrollar esos misiles y esa capacidad disuasiva, tal y como también la necesitaba la URSS en su día. Desde que la URSS renunció a sus ambiciones en el Este europeo se pudo llegar a acuerdos de desarme y reducciones de armamentos. Con Irán pasará lo mismo, y probablemente cualquier acuerdo al que se llegue con los iraníes, si no es seguido de otros de alcance político más amplios, tarde o temprano serán papel mojado y para lo único que hubieran servido sería para hacer trampa y ganar tiempo, evitando sanciones y daños económicos en el proceso. Que Irán trata de "desestabilizar" y ganar influencia en el golfo pérsico y la región es un hecho que reconocen hasta los asesores de Obama, así que aveces no se entiende bien la insistencia de Obama en llegar a acuerdos en el programa nuclear iraní, Carter no lo hizo con los soviéticos cuando estaban expansivos y desplegaban los SS-20 (aunque sí Reagen cuando la actitud soviética cambió).

Quizás Obama simplemente prefiere intentar esa jugada, a pesar de que reconozca que no tenga muchas probabilidades de éxito por si hay suerte y se logra. Y en el caso más probable de que Irán haga trampas y consiga desarrollar armas nucleares y progrese en su programa de misiles, pues decida aceptar tal cosa como un hecho consumado e irrevocable, adoptando como política la Disuasión y no el ataque preventivo.

En mi opinión, tal política no podría consistir simplemente en la disuasión entre Israel e Irán, sino que tendría que integrar a otros países de la región (principalmente Arabia Saudí), y no mediante la disuasión extendida, sino en dotar a Arabia Saudí de armas nucleares aunque de forma controlada. Tal y como ya se hizo durante la guerra fría con la OTAN e incluso directamente con varios países, habría que dar en préstamo cabezas nucleares y misiles al país que se sienta amenazado por la potencia nuclear "agresora" en alguna suerte de régimen de doble llave. La forma en que EEUU podría estar pensando hacer tal cosa podría consistir en permitir que los saudíes se hicieran con algunas cabezas nucleares pakistaníes (o quizás americanas) a la vez que permitiría que China les vendiese misiles de alcance medio e intermedio (algo que ya ha sido confirmado y supervisado por la CIA).

Como conclusión podría decirse que la perspectiva de alcanzar un acuerdo general sobre el programa nuclear iraní no parece muy elevada (el 50% del que habla Aston quizás es demasiado optimista), y de lograrse, quedan flecos de una importancia capital como es el asunto de sus misiles balísticos de alcance medio e intermedio, por no hablar del conflicto creciente que vive la región actualmente y que son las que hacen útiles y necesarias dichas armas y programas.

lunes, 7 de abril de 2014

¿Comienza la Operación Primavera Rusa?


El 25 de marzo, el consejero de seguridad nacional, Andriy Paruby, decía que los rusos estaban planeando la Operación Primavera Rusa (ver párrafo número 13 de la noticia), en el que agentes rusos tratarían de crear violencia y desorden, y tomar varios edificios gubernamentales, para entonces pedir la protección e intervención rusa.

Es justo lo que hemos visto hoy lunes con la toma de varios edificios en Donetsk, Luhansk y Jarkov. Lo más grave de los sucesos de hoy es que en Donetsk se ha proclamado la independencia y se convoca un referéndum para adherirse a Rusia no antes del 11 de mayo (las elecciones presidenciales ucranianas son el 25 de mayo). El presidente ucraniano (Turchynov) comienza una operación antiterrorista (lo que es de suponer que implicaría el empleo de fuerza letal) contra los insurrectos, que han tomado 1500 armas de fuego durante los últimos días. El ministro de Exteriores en el Gobierno interino de Ucrania, Andréi Deshitsa, advirtió hoy de que la respuesta de Kiev a una posible escalada de tensión en el este del país será mucho más contundente que en el caso de Crimea. Por su parte, para amedentrar al gobierno ucraniano, el diputado ruso Viacheslav Níkonov recordó que “si el Gobierno de Kiev usara tropas o unidades antidisturbios, eso provocaría aún mayor explosión (del descontento popular) y una injerencia. Nadie ha cancelado la autorización para utilizar las fuerzas armadas, la que el Consejo de la Federación (Senado) dio al presidente Putin”, señaló. El diputado recordó al mismo tiempo declaraciones de personalidades oficiales de que Rusia no planea usar la fuerza en Ucrania, a no ser que comience un derramamiento de sangre". En resumen, con los acontecimientos de hoy, el escenario para primavera rusa queda ya establecido. Si Donetsk declara la independencia y se une a Rusia se ha cumplido uno de los objetivos de esa operación, y si Kiev trata de impedir tal cosa tendrá que usar la violencia, dando a los rusos la excusa perfecta para invadir Ucrania.

No puede decirse que no haya habido avisos sobre lo que estaba ocurriendo. En este blog sin ir más lejos se ha tratado el tema y lo serio que eran las amenazas de Moscú hacia Ucrania. Siguiendo la retahíla de informaciones de estas semanas, nos adheríamos a la estimación hecha en Foreign Policy (por Pavel Felgenhauer) de que una invasión o intervención rusa probablemente tendría lugar entre el 1 de abril (cuando los reclutas rusos comienzan a completar las unidades militares rusas, que en su mayoría no están en operatividad total) y el 25 de mayo (fecha de las elecciones presidenciales ucranianas). La inteligencia americana decía que había una elevada probabilidad de que Rusia invadiera el Este de Ucrania, y el propio SACEUR alertaba de la concentración de tropas rusas.

Hace solamente dos días el presidente del Comité del Inteligencia del Senado de EEUU, Mike Rogers, advertía que Putin probablemente intentaría crear un corredor entre Transnistria y Crimea, y que podría no parar ahí, ya que demás podría estar pensando en hacer lo mismo en Armenia y Georgia. De ser cierto ese extremo que sostiene una persona tan bien informada como debe ser Mike Rogers, ello iría completamente en consonancia con la Doctrina Karaganov (del año 1992) y la Doctrina Medvedev (de septiembre 2008 y que es prácticamente un calco de la Karaganov). Los cincos puntos de la Doctrina Medvedev básicamente dicen que Rusia tiene una esfera de influencia en donde mantie relaciones especiales con los países que la integran, que no acepta la expansión americana (y la unipolaridad), y que defenderá (mediante injerencias, invasiones, etc) tales intereses y a los rusos étnicos que residan en los países de ese su extranjero cercano (lo que podría incluir a las repúblicas bálticas). La continuidad (prácticamente identidad) entre ambas doctrinas no debe resultar extraño, reflejan la mentalidad de muchos rusos en política exterior. En el excelente y soberbio libro de Walter Laqueur de 1993 "La Centuria Negra" (de las que extraigo las cuatro imágenes de abajo) sobre el nacionalismo ruso se hace un análisis excelente de dicha forma de pensar antes de que Karaganov cobrara protagonismo. Hay que deducir, que las dos doctrinas citadas no hacen sino reflejar la forma de pensar rusa (de una parte mayoritaria no occidentalizada), y que en lo esencial se corresponde con tres de los cinco tipos ideales (los tres de abajo) de mentalidad rusa para la política exterior que se resumen en el cuadro que encabeza la entrada y he extraído del estupendo libro Russia´s Foreign Policy: Change and Continuity in National Identity. Teniendo en cuenta esa mentalidad y lo que ha ocurrido en Ucrania desde finales de febrero hasta hoy, hay que entender que en el Kremlin probablemente se hayan vivido esos acontecimientos como una especie de Pearl Harbour contra su esfera de influencia y su posición en el mundo. Rusia tiene una especie de designio imperial incompatible con la expansión de la UE y la OTAN. Ese designio es algo que va más allá del dinero y las uniones aduaneras, son cuestiones de existencialismo político que no pueden cuantificarse. La cuestión ahora es dilucidar hasta dónde llegan exactamente las fronteras de dicho designio, si sólo alcanzan el mínimo de la esfera de influencia que incluiría a las república exsoviéticas menos las bálticas, o si también abarca anexiones territoriales como las que decía Rogers, agresiones indierectas o directas a los países bálticos (tal y como advertía el ministro de defensa estonio), y si incluye además en su esfera de influencia futura (de alguna manera) a Suecia, Finlandia, Polonia, etc. La especie de Pearl Harbour político que ocurrió en Kiev el 21 y el 22 de febrero (cuando los acuerdos del viernes por la mañana garantizados por ministrios de exteriores occidentales fueron violados flagrantemente), podría hacer reaccionar a Rusia de forma mucho más expansiva de lo que ha sido desde 1991. De ser ciertas las especulaciones de Rogers sobre los planes rusos, podríamos estar en la antesala de una serie de guerras para reconfigurar las fronteras rusas y su esfera de influencia.











Además de las intenciones rusas que pueden deducire de la mentalidad nacionalista rusa y las fechas que daba Felgenhauer (del 1 de abril al 25 de mayo), he observado la lista de señales a seguir que recomendaba Johan Norberg en este artículo (para comprobar si se estaba preparando la Operación Primavera Rusa). 1) El número de fuerzas concentradas en la frontera con Ucrania, así como su tipo (aquí tenemos como signos a favor de una invasiós las estimaciones que hacía la OTAN, la presencia de la 4º División de Tanques de la Guardia, de aviones SU-25, y de otras unidades mecanizadas); 2) que las fuerzas especiales (como las GRU, tropas de montaña, etc) que hicieron acto de presencia en Crimea se sustituyan por infantería y esas fuerzas especiales aparezcan desplegadas cerca de la frontera ucrania (aquí también ha podido detectarse el reemplazo de fuerzas especiales por infantería, carros de combate y artillería y apareciendo esas fuerzas especiales luego en Tranistria con el propósito encubierto de avanzar hasta Odessa); 3) la movilización de reservistas al estar muchas unidades rusas en transición al nuevo modelo militar y estando aún disañadas para grandes guerras con movilización general quedando la mayoría del tiempo en cuadros o muy reducidas de efectivos (la movilización comenzó el 1 de abril); 4) la presencia de depósitos logísticos, hospitales de campaña, líneas de comunicaciones, etc (algo de lo que precisamente alertaba la OTAN de la fuerza concentrada junto a la frontera). Por lo tanto,  las señales militares han sido bastante abundantes (aunque naturalmente ello podría corresponder a medidas de presión y no preparativos para una invasión).

También han habido fuertes indicios, además de los militares, de que la Operación Primavera Rusa estaba en curso. En especial en la parte de desestabilizar y sublevar las regiones fronterizas, para provocar una invasión o intervención rusa. Además de las advertencias de Paruby o Yatseniuk, tenemos que, por ejemplo, el 31 de marzo la contrainteligencia ucraniana desarticulaba un complot para tomar por la fuerza varios edificios gubernamentales en la misma Kiev, y el 5 de abril hacía lo mismo con un grupo de 15 personas que se habían hecho con un arsenal de 300 armas automáticas.

Por último, tenemos el argumento lógico y definitivo de que si Rusia fue a la guerra con Georgia para salvaguardar su esfera de influencia, con un país mucho más importante que es Ucrania también sería necesario, ya que: 1) si en Kiev no dan su brazo a torcer y aceptan de alguna manera (y pacíficamente) las exigencias rusas no demasiado duras del documento del Grupo de Apoyo, 2) Putin tendría sencillamente que amedrentarles mediante alguna amenaza grave (de invasión, desintegración), si eso no funciona tendría que 3) invadir el país para obligarles a aceptar tal documento (o alguno que se le parezca) o quedarse con la mayoría del territorio importante (la parte "rusa" hasta Odessa y a la vez forzar un cambio de gobierno en Kiev, porque de lo contrario 4) Rusia perdería a Ucrania de su esfera de influencia... y quizás toda su credibilidad en el resto de su esfera, iniciándose alguna clase de efecto dominó.




De producirse la invasión hay que preguntarse sobre los objetivos militares y políticos de la misma. En lo militar parece que lo que más ha calado en la opinión general es que Rusia haría una serie de conquistas territoriales desde su frontera con el Este ucraniano hasta Trasnistia (incluyendo Odessa). Para ello la invasión debería ser convergente desde la frontera entre Rusia y Ucrania en el Este, desde Crimea en dirección norte y oeste (con los carros de combate, artillería e infantería que se han ido concentrando estas semanas) y también asaltos de fuerzas especiales en puntos clave (cruces de carretera, túneles, puentes, puertos, centrales eléctricas, de Odessa. Mark Galeotti (experto en temas militares rusos) hace una semana modelaba muy bien cómo sería una invasión de Ucrania por parte de Ruisa (aunque el 4 de abril él creía que la invasión no era inminente), Hace tres días, en este excelente papel del RUSI (de donde extraigo el mapa de arriba) se hacía un magnífico análisis militar sobre la crisis ucraniana, con sus ORBAT y los posibles escenarios militares. El nivel de operatividad de las unidades desplegadas, listas para el combate y no en maniobras, hace pensar que la invasión (de producirse) podría ser cuestión de días o pocas semanas. Recordemos que el
 mando de la OTAN en Europa ha dicho que Rusia podría alcanzar sus objetivos en 3 o 5 días.

Si la invasión finalmente se produjese, el ministro de exteriores francés advirtió el 17 de marzo que está a favor de mandar tropas a Ucrania (¿e ir a la guerra contra Rusia?), hoy el presidente checo también ha dicho lo mismo, y mientras tanto los polacos que concentran tropas en su frontera con Ucrania (Q-According to some evidence, the quantity of troops concentrated in Poland close to the Ukrainian border is growing. Some experts express concern that Ukraine might repeat the fate of Poland in 1939, when it was divided by Nazi Germany and the USSR), podrían verse tentados a intervenir para hacer arrastrar a Francia y a algunos países más a una guerra.

Recordemos mi análisis del 30 de marzo. Hay una serie limitada de resultados en esta crisis: 1) que EEUU acepte la vuelta de Ucrania a la esfera de influencia rusa obligando al liderazgo ucraniano aceptar todas o las mayorias de las exigencias del documento del grupo de apoyo, 2) que Rusia se resigne a perder Ucrania (dejando de ser una gran potencia regional europea), 3) que Rusia no pueda imponer sus objetivos pacíficamente y tenga que invadir Ucrania (con éxito), 4) que la invasión se estanque y/o intervengan algunas potencias de la OTAN produciéndose una situación explosiva e imprevisible.

En conclusión, aunque cualquier tipo de intento de predicción política es sumamente arriesgado, parece que las señales indican que la Operación Primavera Rusa se ha puesto en marcha, y que en Kiev el gobierno da su brazo a torcer o Ucrania tendrá que hacer frente a graves consecuencias. Además (según Rogers, las repúblicas bálticas, etc) las intenciones "expansionistas" de Putin no se limiten a Ucrania sino que podríamos estar en los prolegómenos de una serie de varias guerras en Europa.

domingo, 6 de abril de 2014

Estado y prognosis del arsenal nuclear ruso.

 


Hace unos días leía una sorprendente noticia, en el que el comandante del STRATCOM, daba la alarma sobre la continua y amenazante modernización nuclear rusa durante la última década, mientras los EEUU se habían quedado estancados. Lo más sorprendente es que en la noticia también se citaban informes del Departamento de Estado, en los que se decía que Rusia está aumentando su arsenal nuclear siguiendo una política nuclear expansiva similar a la de la era soviética. Lo más sonado, es que en esos informes se hablaba de que la política rusa está dirigida a alcanzar la superioridad nuclear respecto a EEUU en vez de la paridad.


Es bastante soprendente que se citen fuentes oficiales sobre una supuesta política rusa de rearme nuclear masivo (buscando la superioridad estratégica), porque va contra toda la sabiduría convencional aceptada por la comunidad de estudios estratégicos durante las dos últimas décadas respecto a las capacidades e intenciones rusas. Por ejemplo, en las páginas del libro "Return to Armageddon: The United States and the Nuclear Arms Race 1981-1999" (publicado en el año 2000), puede leerse claramente las enormes dificultades rusas para reemplazar (al llegar al final de su vida útil) la mayoría del arsenal nuclear soviético por nuevos misiles, cabezas, bombarderos o submarinos. Ese declive, unido a la creación de una defensa antimisil por parte de EEUU, podría anular la capacidad disuasiva del arsenal ruso contra un primer ataque norteamericano. En consecuencia, los rusos optarían por no firmar un nuevo tratado START, sino que intentarían lanzarse a una carrera de armamentos, aunque las dificultades de mantener un nivel adecuado de construcción de vectores hacía poco viable dicha política.

También en las páginas del libro "U.S. Nuclear Wapons Policy", del nada sospechoso Brent Scowcroft (del año 2010), se lee el mismo tipo de informaciones sobre el declive constante del arsenal nuclear ruso, lo que podría dejar a Rusia sin capacidad disuasiva. Combinando el relativo pequeño tamaño del arsenal nuclear estratégico ruso, con un primer ataque de EEUU y el despliegue de un sistema antimisiles, aunque sea con la versión mucho más modesta (respecto a la ambiciosa de Bush) de las administraciones Obama, Rusia podría quedarse desarmada (estratégicamente hablando).





Abundando en el ya sempiterno declive nuclear ruso, Hans Kristensen (unos de los mayores expertos en control de armamentos estratégicos y especialista del FAS) nos proporciona cuatro gráficos que desmienten las alarmantes informaciones de que EEUU se estaba quedando en inferioridad nuclear y de que Rusia persigue una política de superioridad. El primer y cuarto gráfico están sacados de un opúsculo suyo de 2012, que repasa el estado de la cuestión de los armamentos nucleares entre EEUU y Rusia (Tirmming Nuclear Excess, Options for Further Reductions of U.S and RUssian Nuclear Forces). En la página 22 de ese papel, dice que hasta comienzos de la década de 2020, Rusia tendrá que retirar de servicio 350 ICBM viejos que llegarán al límite de de su vida útil, por lo que para compensar esas pérdidas, y construir además un excedente para las pruebas que han de hacerse cada año para probar el estado de los misiles, Rusia tendrá que construir 400 misiles (40 al año), sobrepasando ampliamente la capacidad de construcción rusa hasta la fecha. De 2002 a 2012, Rusia ha construido un promedio de 6 misiles al año. Una parte importante de los suministros en la construcción de misiles rusos está situado en Ucrania (herencia del complejo militar-industrial soviético), por lo que la crisis ucraniana empeorará esos ratios. Como el promedio de construcción puede variar, en el cuarto gráfico puede verse las estimaciones probables máximas y mínimas según Krinstensen. No es precisamente una imagen que refleje una década de modernización nuclear, ni que Rusia busque la superioridad estratégica. De hecho las estimaciones de Kristen se basan en cifras oficiales rusas que no pocos analistas calificarían de excesivamente optimistas. Como puede comprobarse en el primer gráfico, existe la tendencia cuasi inevitable que lleva a América a tener superioridad en cabezas nucleares, tanto desplegadas como almacenadas.

El tercer y cuarto gráfico están sacados del blog de Krinstensen, y analizan los cambios cuantitativos en el número de cabezas nucleares y de vectores. El descenso americano y el incremento ruso no se debe a ninguna política deliberada de búsqueda de alguna clase de superioridad nuclear, sino que se debe al proceso normal de sustitución de vectores (con diferentes cantidades de cabezas) y es probablemente circunstancial (Since the treaty was signed in 2010, the United States has reduced its counted strategic forces by 104 deployed launchers and 215 warheads; Russia has reduced its counted force by 23 launchers and  25 warheads. The reductions are modest compared with the two countries total inventories of nuclear warheads: Approximately 4,650 stockpiled warheads for the United States (with another 2,700 awaiting dismantlement) and 4,300 stockpiled warheads for Russia (with another 3,500 awaiting dismantlement). Es decir, Rusia no va a violar el START para perseguir una política de superioridad nuclear estratégica que industrialmente no puede alcanzar. Es más, en los gráficos puede verse la ya permanente superioridad en cabezas y vectores por parte de EEUU.

En realidad, el miedo tradicional desde que terminó la guerra fría, y el complejo militar industrial soviético quedó fatalmente dividido, ha sido justo el contrario al de que Rusia buscase la superioridad. En 2006, Lieber y Press, en un fascinante artículo (The End of MAD?) publicado en la que quizás sea la revista más prestigiosa de estudios estratégicos (International Security), se explicaba con bastante claridad cómo el declive constante e inevitable del arsenal ruso (ver página 6 del artículo) hacía viable que EEUU (que había declinado menos en operatividad y cantidad) podía lanzar un primer ataque por sorpresa contrafuerza que destruyera la mayoría del arsenal ruso, dejando sin capacidad disuasiva a las armas que lograran sobrevivir. Era la época en la que Bush hacía una política que sí perseguía alcanzar una superioridad estratégica incontestable y que dejase al arsenal nuclear ruso sin capacidad disuasiva contra EEUU. El declive cuantitativo ruso, su esacasa operatividad, el mantenimiento de las capacidades americanas (y el desarrollo paralelo de sistemas antimisiles de objetivos relativamente ambiciosos), hacía pensar que nos dirigíamos a un entorno estratégico posnuclear y unipolar. La liquidación de los tratados START y ABM por el escueto SORT, daba carta blanca a EEUU para aprovecharse de su enorme superioridad económica e industrial.

No obstante, Obama ha seguido una política nuclear bastante menos ambiciosa y que se basa en acordar la paridad nuclear con los rusos (y no ser superiores y anular su disuasión). Las reducciones de armamento efectuadas por la firma del New START, deja al arsenal americano sin la cantidad suficiente de armas para realizar un primer ataque que destruyese el arsenal estratégico ruso. Según este muy interesante artículo del CSIS, a EEUU le haría falta un 20% extra de cabezas. El haber quitado los MIRV de los ICBM para dejarlos con una sola cabeza nuclear en cada misil, reduce de forma sustancial el número de cabezas nucleares, y sobre todo hace mucho más complejo el organizar un primer ataque.

Las fuerzas estratégicas nucleares rusas están en una fase de encrucijada durante estos años y hasta mediados de la década de 2020. Casi todo sus vectores (de fabricación soviética) comenzarán a ser baja y se tiene que construir e incluso diseñar nuevos misiles para reemplazarlos. Como explica Ilia Kramnik, la retirada de servicio de los Topol (con varias cabezas) con base en silos deja un vacío que el despliegue de los móviles Topol-M (de una sola cabeza) no podrá suplir. Por ello Rusia comenzó el despliegue hace poco de los misiles Yars, móviles y basados en los Topol-M, con varias cabezas (aunque eso ha implicado la muerte del Tratado INF y/o la violación del New START, dependiendo del alcance real del misil). Aún así, la retirada de servicio de los SS-18 Satanás (con MIRV) dejaría un hueco tremendo cuantitativo si no se construyese un ICBM pesado (con base en silo casi necesariamente) razón por la cuál Rusia ha decidido diseñar tal misil (aunque ya se verá si la limitada industria de defensa rusa logra cumplir con los plazos y las cantidades).

Las dudas también arrecian con la flota de submarinos estratégicos Borei y sus misiles Bulava. Rusia tendrá que construir seis submarinos de esa clase para sustituir a los Delta-III, para que al unirlos con los tres restantes Delta-IV tenga una flota de nueve SSBN. Que los astilleros rusos puedan entregar esos Borei está en discusión, aunque lo más importante es la innumerable serie de fallos que ha tenido el programa del misil Bulava.

Con todo lo expuesto hasta ahora, queda más que claro que Rusia no puede ni quiere la superioridad nuclear. Al contrario, a duras penas podrá mantener un arsenal estratégico de un mínimo de 1500 cabezas (considerado el límite inferior para poseer capacidad disuasiva incontestable). Incluso nuevas amenazas se ciernen sobre el arsenal ruso. El desarrollo de armas hipersónicas por parte de EEUU y China, plantea una amenaza muy grave a los ICBM y bombarderos estratégicos rusos. En este otro artículo dice Krámnik que "El despliegue del escudo antimisiles estadounidense junto con la fabricación en serie de vehículos hipersónicos desarrollados en el marco del programa PGS reanudará sin duda alguna la carrera nuclear".

Las armas hipersónicas son para los rusos un arma de doble filo. Por un lado les beneficia, ya que son un medio ideal para sortear las defensas antimisiles (por lo que las desplegarán obligatoriamente en los misiles Rubezh de alcance intermedio y opcionalmente en los Yars). Pero por otro lado les perjudica, ya que son un arma perfecta para lanzar un primer ataque por sorpresa contra su arsenal estratégico (al poder volar fuera del campo de detección de la mayoría de radares). Aunque expertos occidentales como Acton no dan como indiscutible que los misiles hipersónicos (armas estratégicamente sumamente desestabilizadoras) puedan ejecutar un blitzkrieg contra el arsenal estratégico ruso, los expertos rusos, como Arbatov (o el citado Kramnik), dan mucha más credibilidad a que en un futuro los misiles hipersónicos puedan desarmar estratégica y disuasivamente a Rusia.

Siguiendo el hilo de esos hechos, krámnik expone claramenre en esta otra columna que "el número de portadores (vectores) se encuentra por debajo de las setecientas unidades desplegadas y cien más no desplegadas, tal cual lo estipula el Tratado de Reducción de Armas Estratégicas START-3, y también se van reduciendo paulatinamente hasta el número de cargas, que se fijó en mil quinientas unidades (actualmente son unas dos mil). Por lo que el desarrollo no controlado del escudo antimisiles de EEUU y el emplazamiento de la infraestructura para el ataque global pueden hacer que Rusia abandone dicho tratado y comience a desplegar sus Fuerzas Nucleares Estratégicas por encima de esos límites".

Como yo mismo explicaba hace unos años, los temores rusos sobre la defensa antimisil americana están más que justificados. Lo que unido al despliegue de misiles hipersónicos que están fuera del tratado New START al desarrollarse en un programa convencional y no nuclear (el Conventional Prompt Global Strike), podría generar una situación muy desfavorable para Rusia (muy vulnerable a un primer ataque efectuado con armas hipersónicas). Si sumamos a ello que después de desplegar tales armas hipersónicas, EEUU decidiese dotar a esos misiles de armas nucleares de bajo rendimiento, de la noche a la mañana los norteamericanos estarían en condiciones de hacer un ataque descapitador y contrafuerza prácticamente por sorpresa (y hacerlo fácilmente sin las complejidades de los ICBM y SLBM). Ante esta tesitura, no es de extrañar que los rusos estén rescatando sus proyectos de radares con capacidades de detección más allá del horizonte o su artilugio del fin del mundo (Mano Muerta). No obstante, el artilugio sólo previene de un ataque descapitador, pero no que los misiles supervivientes del primer ataque fueran destruidos por las defensas antimisiles.

Rusia está en una situación de seguridad estratégica bastante comprometida. Cercada como está por EEUU y la OTAN, como por China, afronta una gran inferioridad convencional, y un arsenal nuclear menguante que a duras penas podrá mantener si tiene suerte (en las cantidades que pueda fabricar), y si el desarrollo de misiles hipersónicos, de  cabezas nucleares de bajo rendimiento y el despliegue de radares espaciales, no anula las cantidades de cabezas nucleares y vectores que haya podido poner operativos de aquí a 15 años. Debido a esa enorme inferioridad convencional, en la política nuclear rusa de 2010 se dice explícitamente, que se reservan el derecho al primer uso de armas nucleares incluso contra una agresión meramente convencional. Como es sabido, para que el primer uso de armas nucleares contra armas convencionales sea política y militarmente viable, (por encima del táctico de armas nucleares) ha de haber un arsenal estratégico con capacidad disuasiva que controle y evite una escalada nuclear.

En realidad, si se piensa un poco, no son palabras exclusivas de rusos, sino originarias de Hermann Kahn. Y la política nuclear que ha adoptado Rusia, no es esencialmente distinta a la de Respuesta Flexible que tuvo la OTAN cuando era el mundo occidental el que se sentía en inferioridad convencional, con una Unión Soviética que había logrado desarrollar un arsenal nuclear estratégico que hacía inviable por parte de EEUU una Represalia Masiva estratégica contra una agresión militar convencional de la URSS.

sábado, 5 de abril de 2014

Cero Nuclear con Crimea en el horizonte.


La política de Cero Nuclear fue una extraña iniciativa de desarme nuclear que consiguió el apoyo de buena parte de stablishment político y académico de EEUU. Fue sorprendente por que incluso Henry Kissinger (que saltó a la fama en los años 50 con su maestra "Nuclear Weapons and Foreign Policy") diera su total apoyo a dicha campaña. El cúmulo de desatinos que se decía en el documental de la campaña lo podría haber firmado cualquier jipi del CND de los años 80. Desde que se publicó dicho documental con su respectivo papel, Kissinger y otras figuras que apoyaron tal Cero Nuclear han matizado o retractado su anterior apoyo. Es evidente que tal campaña no fue sino una hábil maniobra de propaganda con fondos encubiertos para lograr avances en el desarme nuclear ruso, y de paso intentar mejorar la imagen de Obama que haría el bello y vacío discurso de Praga.



Vana esperanza todo, algo de lo que se da buena cuenta en este artículo en The National Interest. La Teoría de la Disuasión, amparada en hombros de gigantes como Von Neuman (el que para muchos ha sido la persona más inteligente de la historia), Oskar Morgensten, Schelling, Wholstter o Nash, hizo una serie de hallazgos intelectuales que son de pura lógica y de los que no puede escaparse. Admitiendo las evidencias de la disuasión, en la propia comunidad de estudios estratégicos y seguridad internacional, hay consenso en que para anular el arsenal nuclear de EEUU con cualquier tipo de defensa antimisil que pueda desplegar en un futuro inmediato, hacen falta unas 1500 cabezas nucleares rusas, por lo que plantear una política de eliminar las armas nucleares es pura fantasía.


En cualquier caso, de producirse el desarme nuclear, ello dejaría en superioridad militar a los que tengan ventaja en armamento convencional. Es lo que siempre se ha llamado el "poder igualador del átomo". Da igual tener 1000 armas nucleares contra 3000, la destrucción mutua está asegurada (sin defensas antimisiles) y queda el equilibrio del terror en "equivalencia esencial". Con armas convencionales no ocurre tal cosa, los fallos o límites de la Teoría de la Disuasión que sacan a relucir sus críticos, con el armamento convencional se realzan muchísimo al no haber igualación esencial, por lo que el riesgo de que estallen guerras se incrementa de forma dramática e inevitable. El desequilibrio convencional, sin la amenaza de destrucción total, alienta los incentivos para las agresiones militares (por parte de los que quedan en ventaja convencional). Es algo de pura lógica, es más, es sentido común de perogrullo.

Consecuentemente, y siempre siguiendo tanto la lógica que critica la disuasión como la que la apoya, cualquier tipo de iniciativa de desarme nuclear ha de ir acompañada de reducciones de armamentos convencionales, que de alguna forma dejen equilibrados entre sí (en la línea de la Teoría Ofensiva-Defensiva) a las potencias que tengan alguna clase de conflicto o choque de intereses.

Y es una vez llegados a este punto, es donde encontramos el principal fallo lógico de los que proponen el desarme nuclear. Si el principal riesgo a la seguridad internacional es la mera existencia de armamentos (de destrucción masiva y convencionales, sin tener en cuenta elementos políticos) ha de eliminanarse la práctica totalidad de las armas del mundo para lograr la seguridad. De lo contrario, la desaparición de solo el armamento de destrucción masivo hará más probable la guerra. Reconociendo el hecho de que nunca en la historia se ha dado tal alineamiento de todos los astros del universo de la política internacional (el desarme total en todas las armas), lograr el desarme nuclear haría al mundo más bélico (aunque ya no podrían estallar guerras nucleares).

Aquí reside el único punto lógico a favor de la política de desarme nuclear. De lograrse ese desarme, ya no podría estallar una guerra nuclear aunque fuese limitada, y lo más importante: no podría estallar una guerra nuclear total que destruyese el mundo.

Los defensores del desarme nuclear (críticos de la disuasión) intercambian el tener mucho más riesgo de grandes guerras, a cambio de que no ocurra el apocalipsis nuclear. Por contra, los adalides de la disuasión, dicen que el poder de destrucción total mutua y universal asegura que nunca habrá tal apocalipsis, y que las armas nucleares también impedirán que hayan grandes guerras de ninguna clase (por el miedo de escalada desde una gran guerra convencional a una nuclear limitada y luego a una guerra nuclear total). Las guerras que ocurran serán menos numerosas y siempre limitadas.

No obstante, se especule lo que se especule, lo cierto es que las abstracciones del Cero Nuclear o del auge de la Disuasión Convencional (que limita la utilidad disuasiva de las armas nucleares, teniéndose que desarrollar capacidad de ataque estratégico con explosivos no nucleares), se topan con un hecho muy tozudo: la política nuclear rusa. Esta se basa en reservarse el derecho de usar su arsenal nuclear cuando quieran (primer uso) incluso para defenderse de amenazas no existenciales y ante una agresión exclusivamente convencional. Si algún país tratase de quitar a Rusia una parte pequeña de su territorio sin amenazar sus ciudades o lo esencial de sua intereses económicos, los rusos llegarían a usar su armas nucleares para tratar de impedirlo. Rusia es plenamente consciente de su inferioridad convencional frente a una OTAN decidida o China, y para disuadir amenazas directas se ampara en su arsenal nuclear, arsenal que siempre tratará de mantener con capacidad disuasiva real frente a cualquier defensa misil y/o primer ataque (estmándose una cantidad mínima de 1500 cabezas nucleares en su arsenal estratégico, a lo que habría que añadir el arsenal táctico nuclear).

Hace algunos años, en el simposio anual (concretamente el de 2010) que organiza el STRATCOM (Mando Estratégico de EEUU), resultó muy divertido escuchar a los ponentes occidentales hablar sobre la caída de la utilidad de las armas nucleares y del auge de la disuasión convencional... para que último ponente, un ruso (el general al mando de las fuerzas estratégicas rusas), echara por tierra tales expectativas exponiendo la muy nuclear política de defensa y disuasión rusa. El Cero Nuclear y la disuasión convencional, es un producto intelectual meramente occidental, infectado del relativo pacifismo progresista que reside en toda mente de la ilustración (típico del occidental promedio) y de una falsa (en cuanto que es solo circunstancial) sensación de seguridad producto de la gigantesca superioridad de armamentos convencionales (que disfruta Occidente) respecto a sus potenciales oponentes.

Pero las esperanzas de la Ilustración (los 14 puntos de Wilson, la Sociedad de Naciones) murieron con el pacto de Múnich y con la Segunda Guerra Mundial. Y la enorme superioridad convencional va erosionándose a pasos agigantados con el enorme crecimiento económico de China y el rearme de Rusia, a la vez que Europa se desmilitariza y EEUU ha decidido reducir de forma considerable sus fuerzas armadas por sus grandes problemas fiscales. Rusia, al ver el constante expansionismo de la OTAN en su esfera de influencia, va estar mucho menos dispuesta ahora a renunciar a sus arsenal nuclear antes de que comenzara la crisis ucraniana, y la anexión de Crimea y la puesta en evidencia de lo vacuo de las promesas del Memorándum de Budapest no hará sino reforzar a los interesados en la proliferación horizontal.

martes, 1 de abril de 2014

La Doctrina Karaganov y el expansionismo ruso.


La actual crisis en Ucrania ha desatado todas las alarmas en el Este europeo sobre las intenciones y planes rusos a largo plazo. Roland Flamini en World Affairs se hacía eco el día 26 de marzo sobre la honda preocupación que en los países bálticos la anexión de Crimea ha producido. El Baltic Times de Lituania, dice que la inteligencia nacional alerta que su contraparte rusa está incrementando sus actividades antilituanas. Por otra parte, ante la amenaza rusa, Estonia quiere doblar el tamaño de su Guardia Nacional. En efecto, en las repúblicas bálticas se teme que una serie de agresiones indirectas rusas para crear un corredor con Kaliningrado, "neutralizar" dichos países (de los que Rusia tuvo que retirar sus bases a desgana por la presión económica occidental durante los primeros años 90) u otra clase de objetivos.

Los bálticos temen que una Estrategia Indirecta contra ellas por parte de Rusia podría dividir a la OTAN, tal y como Alemania dividió a los occidentales en la Conferencia de Desarme y sus postrimerías en los años 30. El orden de la primera posguerra mundial que garantizaban los aliados saltó por los aires cuando tras la declaración unilateral alemana de rearmarse en 1935, el Frente de Stressa fue fulminado por el Acuerdo Naval Anglo-Germano. Los ingleses no estaban dispuestos a ir a una guerra general en Europa para salvaguardar los intereses particulares de Francia y de otros vecinos de Alemania. Los Acuerdos de Locarno, llegada la hora de la verdad, no eran sino simple papel mojado, la Alemania de Hitler en 1935 no daba muestras de querer conquistar toda Europa sino simplemente buscar cierta paridad militar y el rearme relativamente limitado, así como algunas reivindicaciones fronterizas (limitadas) por los alemanes que quedaron en el extranjero una vez el II Reich se desintegró. En la actualidad, podría darse el caso que los países de Europa occidental decidieran apaciguar las demandas limitadas rusas de proteger a sus nacionales, lo que en realidad no sería sino forma encubierta de crear Estados tapones e incrementar así su esfera de influencia. De la misma manera que las poblaciones y líderes de Francia e Inglaterra decidieron no ir a la guerra contra Alemania para garantizar el orden de posguerra y sacrificaron Austria, Checoslovaquia, Memel, Renania, etc, en nuestros días, ante una amenaza limitada rusa (sin las consecuencias existenciales de la guerra fría), varios países occidentales podrían reaccionar de una manera más o menos similar. Al fin y al cabo, Rusia no buscaría invadir o controlar toda Europa, que era lo se temía en la Europa en ruinas de 1945 y de la hostilidad ideológica capitalismo versus comunismo.

En ese orden de cosas, un antiguo asesor de Putin, en una entrevista a un medio sueco, dice que este busca ampliar la influencia rusa a Finlandia y los países bálticos. Se considere esa advertencia exagerada o no, lo que es cierto es que en el Este europeo comienzan a creer (con o sin razón) que le están viendo las orejas al lobo. En Suecia y Finlandia se habla de dejar de ser países neutrales y meterse en la OTAN. En Suecia se discute el "doctrinal shift" e ingresar en la alianza, generándose un debate nacional. El 83% de los suecos dudan que su país pueda defenderse autónomamente de Rusia, el primer ministro responde que Suecia sí posee esa capacidad debido a las carencias rusas, y su Jefe de Estado Mayor rechaza cambiar su actual estatus de neutralidad. Respecto a Finlandia, Rusia ya ha advertido que si ese país ingresara en la OTAN, por el peligro que significa la instalación futura de misiles antimisiles, respondería con medidas de represalia.

La figura intelectual que está tras todos estos planes expansionistas rusos que podrían reconfigurar el orden internacional europeo de la posguerra fría (que en realidad ha ido saltando por los aires desde el 2007 hasta la anexión de Crimea) es Sergey Karaganov, creador de un texto que se terminaría conociendo como  la Doctrina Karaganov (aquí puede leerse una transcripción) y una persona bastante cercana a Putin desde que volviera a la presidencia en 2012.

La Doctrina Karaganov (escrita en el año 1992) reproduce en lo esencial las tradicionales aspiraciones dominadoras rusas sobre los países del antiguo Imperio Ruso y la URSS. En ese texto puede leerse que respecto a las repúblicas exsoviéticas se pueden seguir tres políticas: 1) democracia radical (plena), que no es posible por las contradicciones internas de esos países, 2) reintegrarlas en Rusia al estilo neoimperial, 3) reintegrarlas (al control de Moscú) al en un estilo conderal y posimperial. Las minorías rusas en esos países serían un instrumento fundamental de esa política en dos aspectos: 1) al no poder absorver Rusia tantos millones de repatriados las minorías rusas han de quedarse en el espacio exsoviético como forma de influir en la vida económica, 2) como forma de seguir influyendo decisivamente en lo cultural y en la formación intelectual de las élites de los países exsoviéticos.

Básicamente, lo que pretende la Doctrina Karaganov, es que mediante el pretexto de la protección de los rusos étnicos, Rusia pueda injerir (y controlar) en el espacio exsoviético. Algo no muy diferente al irredentismo alemán del que se hizo abanderado Hitler en los años 30, aunque sin su supremacismo racial ni su búsqueda de espacio vital y el Generalplan Ost a costa de otros pueblos y razas.

En este enlace puede leerse a Karaganov decir que "Estamos en una situación de preguerra mundial, pero las armas nucleares impiden que se llegue a esa situación". Las sanciones económicas no producirán el efecto esperado en Occidente porque "los occidentales no entienden nada. Creen que Putin lo que busca es dinero, pero no es así, lo que persigue es poder y orgullo". Tal cual, los occidentales tampoco pudieron entender que el Japón, Italia o Alemania en los años 30 no buscaban dinero o unas fronteras estables y justas, sino simplemente la gloria y el destino de un Imperio. Las tonterías de la interdependencia compleja como garantizadoras de un mundo estable y seguro es algo que sólo se le ocurre a una mentalidad plana y carente de imaginación tan habitual en las democracias representativas burguesas. Los valores postmateriales y posmodernos tienen un duro y brutal despertar ante hechos como la anexión de Crimea, o sencillamente no tienen tal despertar y atribuyen a Putin alguna clase de enfermedad mental. Pues no, Putin es racional y la querencia de un imperio o de esferas de influencia no es ninguna idea trasnochada. Los muy burgueses y democráticos EEUU no hace tanto tiempo invadieron Irak, y por motivos defensivos Occidente ha tenido que regresar en el mundo islámico a injerencias e invasiones prácticamente coloniales para defenderse de los que buscan la vuelta del Califato. Los motivos circunstaciales pueden cambiar, pero la necesidad de órdenes internacionales pseudoimperiales y de esferas de influencia es una necesidad permanente.

El ministro estonio de defensa, Urmas Reinsalu, dice que "debemos admitir que la Rusia de Putin es un régimen agresivo que busca restaurar su imperio con las fronteras de la antigua Unión Soviética. Rusia nunca abandonó la Doctrina Karaganov". Karaganov por su parte afirma que Rusia ya no tiene nada que perder, y que por lo que él entiende Putin piensa igual y luchará hasta el final. Occidente, si quiere lograr una situación estable en Ucrania, tiene que admitir una solución estilo Bosnia.

La Doctrina Karaganov está presente en los libros que tratan la seguridad del espacio exsoviético, y si se piensa un poco, responde perfectamente a las intenciones rusas para los Acuerdos de Biezlavezka (diciembre de 1991) en los que Rusia buscó hacerse con el control de de las fuerzas armadas de las repúblicas exsoviéticas (menos las bálticas) y tenerlas controladas dentro de su esfera de influencia bajo la amenaza de perder territorio por medio de la fuerza militar. Algo que puede verse de forma bastante clara en este fascinante documental que examina lo ocurrido en las negociaciones de ese tratado que ha configurado el orden internacional en el espacio exsoviético.

 

En definitiva, Rusia simplemente estaría tratando de cumplir con su designio imperial y de preeminencia en el espacio exsoviético, lo que podría significar una amenaza a los países del Este. En sus conceptos estratégicos de los años 2000 y 2009 Rusia ha dejado bastante claro el shock que significó las ampliaciones de la OTAN y los bombardeos de Kosovo y Yugoslavia. La ampliación de la OTAN a su extranjero cercano es una amenaza a su seguridad militar de tal magnitud, que Rusia podría buscar crear una zona tapón que la que contrarrestar el terreno perdido desde la ampliación de 1999, lo cual iría contra la seguridad de los Estados del Este que caigan en esa zona. Los países bálticos, con sus amplias minorías rusas y Kaliningrado a un paso, tienen todas las papeletas de caer dentro de la Doctrina Karaganov... y quién sabe si algún otro país también sería "neutralizado" para apaciguar los temores y ambiciones rusas.

En cualquier caso, esto es mera especulación que al calor de los acontecimientos en Ucrania ha logrado espacio mediático. Las verdaderas intenciones rusas, a mi entender, no están tan claras en esos extremos como para afirmar que Rusia busca expandirse. Probablemente, Rusia simplemente busque conservar su esfera de influencia y evitar que algún país o alianza consigan alguna clase de superioridad militar absoluta mediante el desarrollo de sistemas antimisiles, la expansión geográfica, etc (tal y como puede leerse en sus conceptos estratégicos y otros documentos de estos últimos años).

domingo, 30 de marzo de 2014

El tiempo se agota para la diplomacia en la crisis ucraniana.

Hoy Domingo se reúnen Kerry y Lavrov para tratar de llegar a un acuerdo sobre el asunto ucraniano. Aunque siempre es imposible predecir ningún resultado en esta clase reuniones políticas, lo cierto es que las condiciones en las que se plantea no parecen demasiado propicias para que EEUU y Rusia lleguen a un acuerdo. Las posturas no parecen reconciliables sin que alguna de las dos partes ceda en lo esencial. Este es un asunto estratégico de suma cero y los resultados "ganar-ganar" no son posibles.

En contra de lo que dicen algunos analistas como Jesús Núñez, aquí no se sigue ningún guión preestablecido. Una partida de ajedrez no es una coreografía de baile, y todo este asunto nos ha estallado en la cara a los occidentales por no entender las implicaciones estratégicas de las relaciones de la UE y la OTAN con Ucrania, y que meterse en el patio trasero de Rusia, en su esfera de influencia, es provocar guerras, anexiones, intervenciones militares, etc. Pretender que la anexión de Crimea responde a un guión es sustituir el análisis estratégico por la conspiranoia de una suerte de plan preestablecido. No hay guión, y las líneas de esta historia se improvisan a cada paso. Si se siguiese un guión eso significaría que habría un régimen de seguridad que hubiese evitado la actual crisis en curso. Es más, puede ocurrir que aunque se siguiese un régimen de seguridad, como lo fue durante la guerra fría (el ejemplo supremo de régimen de seguridad) no significa que no hubiese un conflicto. Pero ahora no tenemos tal régimen, por lo que hay que deducir que la situación actual no es como la guerra fría, es peor. No obstante, el conflicto estratégico entre poderes normalmente no llega a la guerra, esta siempre es con diferencia la solución peor y más cara, la ultima ratio, y la consecución de la política por otros medios es el fin de un proceso y nunca un estado permanente.

Los objetivos rusos para Ucrania son los siguientes. 1) Ucrania debe permanecer neutral (no entrar en la OTAN), 2) el referendum y anexión de Crimea han de ser respetados, 3) constitución federal, 4) el ruso lengua oficial junto al ucraniano 5) elecciones locales y nacionales para legitimar los nuevo liderazgos, 6) desbandar a los grupos de extrema derecha que realizaron el putsch del 21 de febrero. Para supervisar tales acuerdos ha de crearse un grupo de apoyo que supervise tal acuerdo.

Por contra, EEUU teme la constitución federal en Ucrania, y según la conversación de Obama y Putin de este viernes, la posición básica americana es que Rusia se retire de Crimea y que se desplieguen observadores internacionales para garantizar el derecho de las minorías. Es evidente que no puede haber término medio (es un todo o nada) en dos de los puntos más importantes: el de la neutralidad ucraniana y el de abandonar Crimea. U Obama cede en los puntos esenciales o no habrá negociación posible.

Como señala Andranik Migranyan, la solución a esta grave conflicto pasa porque EEUU vuelva a respetar la esfera de influencia rusa sobre Ucrania. Es evidente y muy sencillo de comprender (o debería serlo) que todo este tema nos ha explotado en la cara a los occidentales por no respetar la esfera de influencia rusa. Rusia está dispuesta a hacer lo que sea para volver a poner a Ucrania en su esfera. Y como eso es así, mejor dárselo a Rusia por las buenas que forzarla a hacerlo por las malas. Ello llevaría a una guerra en Ucrania que podría degenerar en una situación muy grave si esta guerra se estancase, podría invitar a una intervención militar polaca o francesa (tal y como alertó Fabius) con la esperanza de arrastrar detrás a parte de la OTAN y a EEUU (tal y como sucedió en Libia). Tales errores de cálculo, como ha quedado claro con Fabius, están bastante presentes en las mentes de los líderes mundiales, líderes que son capaces de declarar  públicamente disparates que llevarían a una guerra general en Europa.

Como decía Brzezinski, Rusia necesita a Ucrania en su esfera de influencia para ser una gran potencia en Europa. Por lo tanto, si Rusia quiere seguir siéndolo y no consigue que sus propuestas del grupo de apoyo sean aceptadas, tendrá que lograrlo mediante la intimidación directa a Ucrania, y si esto no funciona, tendrá que invadirla directamente. Podría ocurrir que Rusia decida no asumir ese coste, pero entonces dejaría de ser la gran potencia que creía que podría ser. Estos son dilemas políticos que no tienen un resultado mecánico y es imposible hacer ninguna clase de predicción a ciencia cierta, pero la determinación que muchas veces ha demostrado Putin hace pensar que es más probable que Rusia se arriesgue a la invasión que a perder su estatus de gran potencia (en el caso que la salida negociada para mantener a Ucrania en la esfera rusa no sea posible).

La perspectiva de una invasión tampoco es una idea remota y un vestigio atávico de nostálgicos de la guerra fría o los años 30. Son hechos que los propios ucranianos aceptan, y que tras el shock inesperado de la anexión de Crimea (inesperado por la desinformada comunidad de inteligencia y diplomática americana y occidental) el propio SACEUR y la inteligencia americana admiten. Mark Galeotti (experto en temas militares rusos) escribe un interesantísimo post en su blog de cómo sería una invasión rusa de Ucrania. El consejero de seguridad nacional ucraniano advierte de la "operación primavera rusa" con la que los rusos sublevarían las regiones del Sur y Este ucranianos para preparar la invasión terrestre con la enlazar Rusia, Crimea con Tranistria. También se especula con que la operación tendría que contar con una invasión convergente desde la misma Tranistria, principalmente con fuerzas especiales y aerotransportadas, para tomar Odessa. Es más, esta semana han habido bastante noticias de la concentración de dichas fuerzas especiales en esa región secesionista moldava (encendiendo todas las alarmas). El tiempo corre en contra de Rusia, cada día y semana las fuerzas de defensa ucranianas estarán mejor preparadas, y algunos analistas señalan que el tiempo se le acaba a Putin, estableciendo la ventana de oportunidad para invadir Ucrania entre el 1 abril (cuando comienzan a completarse las unidades militares rusas con reclutas) y el 25 de mayo (fecha de las elecciones presidenciales en Ucrania.

En resumen, hay una serie limitada de resultados en esta crisis: 1) que EEUU acepte la vuelta de Ucrania a la esfera de influencia rusa obligando al liderazgo ucraniano aceptar todas o las mayorias de las exigencias del documento del grupo de apoyo, 2) que Rusia se resigne a perder Ucrania (dejando de ser una gran potencia regional europea), 3) que Rusia no pueda imponer sus objetivos pacíficamente y tenga que invadir Ucrania (con éxito), 4) que la invasión se estanque y/o intervengan algunas potencias de la OTAN produciéndose una situación explosiva e imprevisible.

jueves, 27 de marzo de 2014

El equilibrio perdido (y el realismo político olvidado).

Inspirándonos en Hedley Bull (la figura central de la Escuela Inglesa) podría decirse que hay dos reglas básicas para comprender cómo se produce el orden (y desorden) en la sociedad internacional (sociedad que está dominada por las grandes potencias). 1º) Las grandes potencias han de mantener cierto equilibrio de poder entre sí (añadiendo al esquema de análisis conceptos tales como el equilibrio de amenazas, el equilibrio del terror en equivalencia esencial, etc), para generar con ello una situación estratégicamente estable (que no haya incentivos para atacar primero e iniciar una guerra) quedando lo político-militar estancado aunque pacíficado. Bajo esta premisa, las grandes potencias si quieren garantizar la paz, no buscarán la superioridad militar entre sí, ni tampoco permitirán que su poder decaiga demasiado. 2º) Respetando las esferas de influencia mutuas y no injiriendo en ellas. Las grandes potencias tienen necesidad de esferas de influencia porque no sólo buscan la seguridad y la integridad de ellas mismas, sino que también crean "posesiones" (los países e intereses dentro de la esfera de influencia) que han de mantener tanto para proyectar su poder en esas zonas (e impedir que sea otra gran potencia la que ejerza el poder ahí) como para evitar que alianzas consideradas enemigas amasen demasiado poder añadiendo nuevos miembros. Naturalmente, al respetar las esferas de influencia, no se hacen guerras (o agresiones indirectas) para "robar" parte de la esfera ajena, ni tampoco se harán guerras para defender la esfera propia (al ser respetada y no injerida). Cumpliendo con estas dos reglas básicas descritas: 1) al no crear incentivos para la agresión y el aventurismo (manteniendo un balance militar equilibrado), 2) ni tener intenciones de hacer actos provocadores (respetando las esferas de influencia), la paz y el orden internacional quedan garantizados por pura necesidad y lógica aplastante.

Esta es una verdad casi perogrullesca, y es una de las directrices fundamentales de cualquier análisis realista en política internacional. No obstante, algo tan elemental y fácil de entender (no hay que estudiar ningún libro de Teoría de Juegos y Seguridad Nacional ni otras complejidades para comprenderlo) raramente es seguido ni por políticos y burócratas, ni por los analistas y periodistas que tratan las relaciones internacionales. En esa misma línea ayer afirmaba lo siguiente.

"Recapitulemos y contrastemos las dos situaciones. La guerra fría se caracterizaba por 1) sólidos bloques y esferas de influencia que no se atacaban o injerían, y 2) equilibrio del terror y de fuerzas convencionales que desalentaba cualquier aventurismo. La actual situación es justo la contraria, 1) EEUU no respeta la esfera de influencia rusa, promueve agresiones indirectas que tendrán una elevada probabilidad de éxito (mucho más que cuando la esfera rusa era controlada mediante dictaduras totalitarias), promueve la adhesión a la OTAN de países de la esfera de influencia rusa y la CEI, 2) la disminución de la efectividad de la disuasión nuclear (teniendo que recurrirse cada vez más a la disuasión convencional) y los desequilibrios militares de fuerzas convencionales (explicados de manera sucinta y clara aquí y aquí). En consecuencia, ahora hay 1) mucha más motivación para atacar la esfera de influencia rusa y 2) muchos menos desincentivos disuasivos nucleares para desalentar esas injerencias y sin la situación militar convencional de callejón sin salida del balance militar de antaño. Esta es una situación en el que el choque entre Rusia y Occidente es bastante más factible (que en la guerra fría) y en las que los errores de cálculo son bastante más probables."

De igual modo, hace unas semanas indicaba esto sobre el absurdo de la política Obama respecto a Rusia.

"Apartado 4 Esferas de influencia. Por otro lado, no es posible llegar a acuerdos estratégicos y de equilibrio de poder con una gran potencia… cuando se hace una injerencia y agresión indirecta en la esfera de influencia de esa gran potencia. Eso es así porque sencillamente esa gran potencia buscará la forma de rearmarse y buscar su seguridad militar de forma unilateral para intentar salvaguardar su interés nacional."

Efectivamente, hoy se ha sabido que Obama incluso ofreció dar la información sobre la Defensa Antimisil a los rusos, aunque dicha propuesta encontró con la fuerte oposición de la burocracia y los congresistas de EEUU. Obama buscaba acuerdos a toda costa para lograr el equilibrio militar, pero olvidó respetar la esfera rusa, y ahora sus relaciones con Rusia están cuanto menos arruinadas. Obama es de esa clase de políticos de gran potencia que hacen política exterior sin tener claro ni lo esencial (lo mismo puede decirse del papel de la UE).

Profundizando en la tesis de que las consecuencias de la crisis ucraniana han cambiado dramáticamente la situación estratégica y política en Europa (desde una tranquila posguerra fría) a una situación bastante más endiablada e inestable, tenemos hoy que la inteligencia americana afirma que la probabilidad de una invasión de territorio ucraniano más allá de Crimea es bastante más elevada de lo que se creía anteriormente, y que las intenciones rusas podrían llegar a lograr ganancias territoriales incluso en las repúblicas bálticas. Esta clase de graves percepciones habrían sido inauditas hace menos de dos meses.

La explicación de cómo se ha llegado a esto es bastante fácil de exponer. La OTAN, UE y EEUU han agredido indirectamente la esfera a rusa para ganar terreno. En consecuencia, ahora se percibe (acertadamente o no) que Rusia también quiere injerir de alguna manera en la esfera occidental para garantizar su seguridad. Por lo tanto, la segunda regla básica que nombrábamos al comienzo para mantener la paz y el orden ha sido violada.

Pero para colmo, la primera regla también está siendo violada de forma flagrante. Daniel Gouré (director del prestigioso Instituto Lexington) explicaba con bastante claridad como el equilibrio convencional ya no existe, y que de hecho probablemente ahora está a favor de Rusia. Richard Dannatt, también dice que el Reino Unido no debería retirar sus tropas del todo de Alemania, y que de hecho debería revertir el declive numérico de su ejército de tierra y aumentarlo en por lo menos una brigada más. James Arbuthnot, director del comité de defensa británico, también afirma que el Reino Unido necesita poderosas fuerzas convencionales para hacer frente a amenazas emergentes imprevistas y que para tener una disuasión creíble ha de poder responder a todos los niveles (y no solamente en el nuclear). Reincidiendo en este clamor sobre el equilibrio militar perdido por la OTAN respecto a Rusia también está esta otra columna del NYT. Pero a pesar de todas estas evidencias, los países europeos no parecen dispuestos a incrementar su fuerza militar convencional, una cuestión que va mucho más allá de la meramente presupuestaria y entra en lo doctrinal y cómo se han remodelado las unidades militares y se ha escrito la nueva doctrina y revisiones estratégicas. De una situación en la guerra fría de balance militar relativamente equilibrado y de "callejón sin salida" hemos pasado a prácticamente lo contrario.

En Occidente hemos perdido el sentido común político (realista) y diplomático. Hemos llegado a una situación bastante grave en la seguridad europea por haber olvidado dos reglas elementales y bastante sencillas de la política internacional. No hemos respectado la esfera de influencia rusa (queriendo ampliar la OTAN y la UE) y no hemos seguido una política militar de equilibrio respecto a Rusia, alentando sus agresiones (el consejero de seguridad nacional ucraniano alerta que Rusia planea la Operación Primavera Rusa para sublevar e invadir el Este y Sur de Ucrania), lo que podría forzar una intervención militar polaca, francesa e incluso americana para impedirlo (cuando tendría que haberse seguido una política militar que disuadiera a Rusia de hacer invasiones a gran escala en Ucrania y "amenazar" a las repúblicas bálticas alarmándolas sobremanera). Hay una total falta de coherencia entre la política exterior y militar, y una ausencia absoluta de congruencia de estas respecto al desafío de seguridad que implica Rusia. Y así, sin haberse dado cuenta, alentando las protestas de Euromaidan, promoviendo la Asociación Oriental y rescatando la política de 2008 de la Declarción de Bucarest, se ha puesto a Europa patas arriba y al borde de la guerra.